El rival que marcó el adiós de Lisci en Osasuna
El fútbol siempre tiene esas casualidades que parecen escritas por un guionista. Este fin de semana, Osasuna se enfrenta al Levante en El Sadar, y no es un rival cualquiera: fue el equipo que, sin quererlo, precipitó el final de la etapa de Alessio Lisci al frente del conjunto rojillo. Y todo empezó con un partido en Valencia que terminó por llevar al equipo a una situación límite que se resolvió en Getafe.
Corría la recta final de la pasada temporada. Osasuna acababa de certificar matemáticamente la permanencia en Primera División, y la afición rojilla respiraba aliviada. El equipo viajó a Valencia con la tranquilidad del deber cumplido, y en los primeros minutos del partido en Orriols parecía que todo iba sobre ruedas: un 0-2 favorable que encarrilaba el encuentro y el final de curso apacible. Pero el fútbol es imprevisible, y el Levante, necesitado, reaccionó antes del descanso, empatando y luego completando una remontada que dejó helados a los navarros.
Ese tropiezo, lejos de ser una anécdota, fue el detonante de una racha negativa que se prolongó durante las últimas jornadas. La fragilidad defensiva mostrada en Valencia se repitió, el equipo entró en una dinámica perdedora y lo que parecía una salvación tranquila se convirtió en un dramático final de Liga. Algo que tuvo su punto culminante en el Coliseum de Getafe, donde Osasuna se jugaba la vida en el último partido. Los vecinos de Getafe quizá recuerden aquel ambiente de tensión, con un estadio que era un hervidero. El desgaste acumulado, con el partido de Orriols como epicentro del bache, terminó por costarle el puesto a Lisci, que fue destituido al final de la campaña.
Ahora, con Jagoba Arrasate al mando, el Levante vuelve a aparecer en el camino de Osasuna. Una casualidad que invita a reflexionar sobre cómo un partido puede cambiar el destino de un entrenador y de un equipo. Para los aficionados de Getafe, que vivimos de cerca aquel desenlace de infarto, esta historia tiene un eco especial. Y es que el fútbol nos demuestra una vez más que cada partido cuenta, que los detalles marcan la diferencia y que nunca se puede bajar la guardia.
En Getafe, sabemos bien lo que es sufrir hasta el final. Aquel partido en nuestro estadio fue un recordatorio de que en el fútbol no hay victorias aseguradas, y que la emoción llega hasta el último minuto. Así que cuando veamos a Osasuna enfrentarse al Levante, recordaremos el pasado, pero también miraremos al futuro con la ilusión de que esta vez, la historia sea diferente. Porque si algo nos enseña el deporte es que las segundas oportunidades existen, y los vecinos de Getafe somos testigos de ello.


