Seis años de espera terminan en Belgrado
La afición del Getafe puede volver a soñar con noches europeas. El conjunto azulón ha logrado su objetivo de clasificarse para la fase de liga de la Conference League tras superar una complicada eliminatoria previa frente al Partizán de Belgrado. No fue un paseo triunfal, sino una batalla campal que recuerda a los mejores tiempos del equipo de José Bordalás, quien no ha permitido que la obra iniciada la temporada pasada quede incompleta.
Una caldera serbia y un equipo de hierro
El escenario no podía ser más hostil. El estadio del Partizán se llenó hasta la bandera, creando una atmósfera asfixiante donde más de 25.000 aficionados, liderados por los ruidosos Grobari, intentaron empujar a su equipo hacia la remontada. El Getafe llegaba con una ventaja de 3-1 conseguida en el Coliseum, pero sabía que en Serbia el partido se jugaría entre fuego. El equipo local, inmerso en una crisis institucional con la dimisión de su entrenador y directivos, se jugaba el honor en una noche donde el fútbol pasó a segundo plano frente a la pasión desbordada de las gradas.
Precisamente, este entorno de presión máxima es el hábitat natural del Getafe de Bordalás. El equipo ha demostrado durante años ser un experto en partidos físicos, ásperos y de mucha intensidad. Lejos de amilanarse ante el ruido y la agresividad del rival, los azulones aceptaron la pelea desde el primer minuto.
Primera parte de supervivencia y ajustes tácticos
Los primeros cuarenta y cinco minutos fueron un reflejo de lo que se esperaba: mucho contacto, numerosas faltas y escasas ocasiones claras de gol. El Getafe sufrió especialmente durante la primera media hora, donde apenas tocó el balón y vio cómo el Partizán rozaba el gol en varias ocasiones. Un disparo de Seck impactó en el palo y un tanto de Simic fue anulado por un fuera de juego milimétrico, evitando que la caldera estallara antes del descanso.
Ante el peligro, José Bordalás actuó con rapidez en el minuto 37. Ordenó la salida del central Sazonov, quien ya estaba amonestado y en riesgo de expulsión. Este movimiento cambió el esquema del equipo, pasando de un 5-3-2 a un 4-4-2. El ajuste liberó al Getafe, que comenzó a controlar mejor el esférico, alejó el peligro de su área y logró firmar sus mejores minutos antes del pitido inicial, con un disparo de Mangala que también rozó el larguero.
Sufrimiento, gol y la redención de Ünal
La segunda mitad comenzó con un susto mayúsculo. Apenas regresar de los vestuarios, un error de Terrats en la frontal fue castigado por Jeh, quien marcó el 1-0 para los locales. El gol encendió de nuevo la atmósfera y sumió al Getafe en más de media hora de sufrimiento. Aunque Ünal tuvo una oportunidad clara para empatar de inmediato, la intervención del portero rival Krunic mantuvo la ventaja serbia.
Sin embargo, el partido se abrió y el Getafe encontró huecos al contraataque. La clave llegó de la mano de quien no podía faltar: Enes Ünal. Tras un córner lanzado por Kiko Femenía, el delantero turco conectó el balón para establecer el 1-1 en el marcador. Este gol, que llega tras tres partidos consecutivos anotando, silenció a las gradas de Belgrado y sentenció prácticamente la eliminatoria.
Con el empate en el marcador, el conjunto azulón demostró su capacidad de resistencia. Aguantaron el último cuarto de hora, cerraron espacios y salieron vivos del infierno balcánico. Así, el Getafe asegura su presencia en competición continental por cuarta vez en su historia, confirmando que el regreso de Bordalás es un acierto rotundo para la entidad y devolviendo la ilusión a todos los vecinos de nuestra ciudad.


